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Hace algo más de dos siglos el viajero y naturalista Cavanilles, en sus rutas por nuestros pagos, utilizaba con cierta frecuencia y certera precisión la palabra desiertos para describir a nuestro territorio. Quedaba claro, para los ojos de aquel ilustrado, que la ausencia del hombre de aquel extenso solar era, esencialmente, el síntoma de un viejo problema que hundía sus raíces en el establecimiento y posterior gestión de los señoríos en nuestra comarca. Esta forma de acceso, de los Señores, a la propiedad de estas tierra de frontera, imposibilitó que la Villa fuera un lugar amable donde el poblador pudiera establecerse, emprender y crear riqueza.

Han pasado más de doscientos años desde que Cavanilles hiciera aquella demoledora reflexión, sin que nadie haya puesto remedio al abandono de estos 700 Km2 del territorio de la provincia de Valencia. La despoblación de la Comarca, ante la mirada indiferente de las élites gubernamentales, continúa lenta e inexorablemente expulsando, como en siglos anteriores, a los emprendedores y a los más preparados. La falta de financiación, infraestructuras, comunicaciones y una escasa oferta formativa, junto a las trabas  administrativas en la gestión del territorio, nos hacen pensar en el ajustado diagnostico de aquellas observaciones del Ilustrado Cavanilles a finales del XVIII. En la actualidad, la pervivencia de las mismas causas que nos apartaron, entonces, de la revolución industrial y del acercamiento a la modernidad, en el presente, nos alejan nueva e inexorablemente de la revolución digital del siglo XXI.


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