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              Los nuevos pobladores que llegaron a nuestra tierra, tras la cesión de la Villa a Pelagio Pérez de Correa, se establecieron en el entorno de la Alameda, lugar que hasta el siglo XIII habían ocupado como muladíes[1] los descendientes de los fundadores[2], obligando a estos a establecerse como mudéjares[3], en la zona conocida como Caída del Rahal y posteriormente, como moriscos[4], en el asentamiento de Vilanova de Anna en la partida de Ágres.

             Dado que el sustrato fundacional de la Villa profesaba el islam, no resulta aventurado suponer que durante el transcurso de estos cinco siglos desde el establecimiento de la población en la Alameda, hasta la cesión de la Villa a los Santiaguistas, los vecinos, mayoritariamente muladíes, hubiesen levantado un lugar de culto y enterramiento en el entorno de la alcazaba o recinto fortificado construido en este lugar. Del documento de cesión de la Villa a Isabel de Borja se extraen evidencias documentales de la existencia, a mediados[5] del siglo XV, de una Mezquita, en buenas condiciones, en el entorno de Alameda que necesariamente contemplaba en sus proximidades una necrópolis donde enterrar a sus muertos. En este sentido recordamos que en la década de 1960, en el recinto de la plaza, se hallaron algunos enterramientos que la gente del lugar atribuyó “a los moros”, aunque nunca fueron estudiados más allá de la curiosidad de los vecinos, conocedores de estos hallazgos, y con el paso del tiempo olvidados.


[1] Pobladores, no musulmanes, que durante la conquista profesaron el islamismo.

[2] Mayoritariamente de credo musulmán.

[3] Musulmanes que vivían en territorio de conquista, a los que se les permitía vivir su religión a cambio del pago de tributos.

[4] Musulmanes que en territorio conquistado, eran sometidos al bautizo forzoso.

[5] 27 de marzo de 1455.